NUMERO 5 - PRIMAVERA 2005

Ensayo - Brittany Anderson (California State University, Long Beach )

Juana Manso: periodista feminista del siglo XIX

Antes del siglo XIX la mujer no tenía una voz pública. Se quedaba en el hogar para cuidar a sus hijos y servir de ornamento a su esposo. Con el auge de la corriente romántica, las emociones del individuo ganaron importancia en el dominio público. Por lo tanto, las mujeres adquirieron una autoridad literaria porque tradicionalmente era la mujer la que conocía las emociones. Gracias a esta nueva autoridad, las mujeres escritoras empezaron a aparecer en el mundo. Después de la mitad del siglo XIX, la prensa femenina se hizo mucho más común. Habían varias mujeres que exponían temas tradicionales de la mujer que debía quedarse en el dominio doméstico pero otras feministas exponían visiones de la mujer que debía incorporarse en el domino público.

La escritora, Juana Paula Manso, revolucionó el papel de la mujer y la importancia de la educación mediante su obra de periodista feminista y su apoyo de la educación general en Argentina. Ella tuvo una vida anti-tradicional para una mujer de su época; tuvo una vida intelectual y pública. Su cosmovisión era una de igualdad y oportunidad educativa para las masas, particularmente incluyendo a las mujeres. A través de su revista Albumde señoritas, proponía reformas liberales en favor de las mujeres independientes y el papel femenino de ser colaboradora del hombre en la sociedad en su ensayo “La emancipación de la mujer”. En cuanto a la pedagogía, adoptó la reforma de la educación para instalar la importancia de las escuelas de ambos sexos para crear ocupaciones honorables para la mujer y enseñar a los niños morales racionales. Trató de esta reforma en su artículo “Escuelas de ambos sexos”, publicado en Los anales de la educación común. Como educadora, Manso dirigía escuelas mixtas y escuelas para chicas. Su activismo social en el periodismo y la educación fue atacado fuertemente por la gente y las instituciones conservadoras tradicionalistas.

Manso proponía su ideología feminista en su revista que se titula Album deseñoritas. La periodista llamó el primer tomo de su revista “un prospecto ... dar una idea más clara de mi pensamiento, y una prueba más eficaz de mi buena voluntad.” (Arambel-Guiñazú y Martin, Tomo II 53) Esta frase muestra al lector que Manso intentaba publicar sus ideas reformistas para producir un impacto/cambio en el sistema social de Argentina. En su ensayo “Emancipación de la mujer”, anunció que su único propósito era emancipar a sus compatriotas de “las preocupaciones torpes y añejas” que Manso nombró como obstáculos que prohibían el empleo de la inteligencia femenina. (53) La sencilla declaración que había una inteligencia femenina era controversial. A medios del siglo XIX en Latinoamérica, las características atribuidas a la mujer incluían una sensibilidad femenina (no inteligencia) para cuidar a los niños y los esposos.

Esta imagen de la mujer se manifestó en la corriente literaria del romanticismo. El romanticismo enfatizó los deseos y el individualismo para los hombres. Las heroinas románticas, en las obras escritas por hombres, eran vacías de deseos propios y llevaban personalidades dóciles, puras, y débiles. Los escritores románticos no se daban cuenta de la importancia del hecho de que el concepto del individuo romántico aplicaba a los dos sexos. Manso citó una institución establecida para probar la intelectualidad de la mujer: la religión católica. Escribió, “Dios no es contradictoria en sus obras, y cuando formó el alma humana, no le dió sexo” (54). Es decir, era natural que la mujer fuera tan inteligente como el hombre, capaz de independizarse porque Dios les regaló a los dos sexos habilidades idénticas.

En cuanto al término “emancipación” que usaba Manso, la referencia a la esclavitud es clara. Una crítica, Lidia F. Lewkowicz, explica que las mujeres tenían un sentido implícito de apropiación cuando los hombres les decían, “mi mujer”. (Lewkowicz 62) Si la mujer se transforma en objeto ante su marido, la relación se parece a la del jefe y esclava en el sentido de que uno es el dueño del otro. Manso insistía en la emancipacón femenina para que la mujer escapara de cualquier situación que le robara de su independencia personal. Manso utilizó otros países para ejemplificar el tratamiento de las mujeres. Por ejemplo, dice que Inglaterra es la más libre nación porque, “...no podía abrigar en sí misma una monstruosidad semejante, como la de conservar a la mujer en el estado de la más degradante y torpe esclavitud” (55). La situación de la mujer no era igual a la de los esclavos, pero en comparar las dos era estrategia muy eficaz que llamó la atención a la seriedad del maltrato de la mujer.

Manso escribió que el factor impactante que contribuía al estado opresivo de la mujer fue que, “La sociedad es el hombre...” (55). Esta declaración general fue el resultado de que las mujeres nunca participaron en la organización oficial y pública de la sociedad. Los hombres escribieron las leyes, los hombres trabajaron en puestos públicos, y los hombres recibieron educaciones formales que les proveyeron oportunidades fuera de la casa. Aún los valores aceptados e impuestos de la sociedad seguían diferentes reglas para los hombres que para las mujeres. Manso explicó este fenómeno así, “...lo que en ella clasifica crímen en él lo atribuye a debilidad humana: ...son la fragilidad individualizada en hombre!” (55). La publicación de este doble-estandard de cuales debían ser las características adecuadas para el sexo masculino y para el sexo femenino pertenecía al movimiento feminista en otros países también. En los Estados Unidos, las escritoras femenistas expresaban su frustración con el mismo problema. Por ejemplo, la estadounidense Sarah Grimké escribió en un ensayo, “...that there is a distinction between the duties of men and women as moral beings; that what is virtue in man, is vice in woman...” (Rossi 310).

La “falsa posición” de inferioridad de la mujer, bajo el hombre, resultó en la represión de la mujer. Si el hombre/la sociedad patriarcal estaba básicamente en control de la mujer, diciéndole qué tenía que hacer y cómo debía comportarse entonces la mujer perdería el derecho de expresarse abiertamente. Según Manso, la consecuencia fue que las mujeres bajaron sus voces, mandaron sus corazones a no sentir y forzaron sus cerebros a no pensar. El resultado fue que las mujeres no se conocían a sí mismas y se hicieron parásitas en la sociedad. Sin una educación buena y sin la intelectualidad bien desarrollada, la mujer no pudo llenar sus deberes naturales de madre compañera y colaboradora de su esposo. El instinto materno era inútil sin la guía de la inteligencia femenina (56). La preocupación por la educación de la mujer no se limitaba a sus lectoras de la burguesía y la clase alta. Manso incluía las clases bajas en su propósito de emancipar la mujer por la educación para mejorar la sociedad argentina en general.

Manso creía que la educación era la solución a los problemas sociales en cuanto a la mujer y la civilización en general. Como educadora, ella se dedicó a la reforma educativa empujada por Domingo F. Sarmiento. Esta reforma proponía la educación de las masas, incluyendo a la gente rica y la pobre. La dedicación de Manso a la educación primaria (en escuelas mixtas) correspondía perfectamente con su obra de emancipar a la mujer. A través de las escuelas mixtas, Manso podía educar a las niñas para ser independientes y podía enseñar a los niños que el sexo femenino valía tanto en la sociedad como el masculino. La simple razón que sostenía el argumento para una educación mixta era que “la inteligencia no tiene sexo” (Lewkowicz 125).

La educadora y escritora publicó un ensayo que se titula, “Escuelas de ambos sexos”, en Los Anales de la Educación Común que proponía la importancia de mantener y organizar el sistema de las escuelas mixtas. El primer propósito para esta clase de escuela que presentó la autora fue “la necesidad de abrir para la mujer una carrera honorable que la ponga al abrigo de la miseria o del desvarío” (Lewkowicz 132). Es decir, sin una educación adecuada la mujer no tendría la opción de ocuparse o crear una vida independiente. La necesidad de depender en un hombre para sobrevivir sería una miseria para la mujer. La existencia de escuelas de ambos sexos tiene sus orígenes en Europa donde los pueblos pobres no podían pagar para dos escuelas separadas y como resultado las niñas frecuentemente asistían la misma escuela que los niños masculinos. Específicamente en Francia, “Despite the Church’s opposition to the principal of coeducation, it was a widespread practice” (Spencer 88).

Los países como Francia y los Estados Unidos eran ejemplos de la educación para Manso. Ella proponía que las escuelas mixtas necesitaban una organización especial para ser eficases. Las restricciones impuestas en la educación de niñas debían ser reformadas. Por ejemplo, en Argentina las escuelas limitaron la admisión de niñas de los seis años y la permanencia a los ocho. Según Manso, “Todas estas vacilaciones y concesiones, son admisibles en épocas de oscurantismo y en las que el arte de enseñar no estaba cultivado” (Lewkowicz 132). A través del desarrollo de la pedagogía como una ciencia, los educadores eran capaces de organizar las escuelas para que los alumnos de ambos sexos progresaran simultáneamente. El elemento más importante en la organización era la subdivisión de las edades. Manso introdujo la pregunta retórica, “...¿cómo pretendemos nosotros pasando sobre las leyes de la naturaleza, tratar los niños de 5 años como tratamos los de 10?” (Lewkowicz 133). Otro factor importante para mantener las escuelas era el dinero para comprar todos los útiles para los estudiantes.

La institución de la iglesia católica, que controlaba la mayoría de las escuelas, mantenía la creencia de que la aproximación de ambos sexos fuera un peligro moral. La iglesia era una fuerza muy influyente y por lo tanto la sociedad en general creía que juntar los dos sexos en una sala de clase era una amenaza a las virtudes de los niños. Si las escuelas admitían niños y niñas, los chicos serían muy jóvenes y las chicas más grandes. Esta diferencia en edad y nivel escolar detenía el progreso de la educación femenina. Entonces, Manso declaró que el peligro no estaba en la aproximación de los dos sexos a una edad temprana, pero estaba en la aproxmación de estudiantes de edades desproporcionadas. La división de niveles de enseñanza por la edad del estudiante, sea niño o niña, salvaría la educación adecuada de los chicos (Lewkowicz 134).

Al fin del ensayo, Manso reprobó la práctica de dejar a las mujeres enseñar pero los hombres fueron los que administraban las instituciones educativas. Era tradicional que los hombres dirigieran la educación formal y el concepto de la maestra era relativamente moderno. Antes, habían sido madres y nodrizas que enseñaban a niños/as en el hogar, pero no en la escuela. Del punto de vista de la sociedad patriarcal, las mujeres entraron fácilmente a la carrera de la maestra por tres razones importantes: la mujer ya tenía experiencia en enseñar (a sus propios hijos), el sistema educacional necesitaba maestros (hombres o mujeres), y las mujeres eran más baratas en términos del sueldo. Era común en muchos países pagar a las maestras mucho menos que a los maestros. Una profesora de estudios de la mujer, Virginia Sapiro, explica en su libro que la sociedad estadounidense justificaba esta práctica por apuntar que las mujeres no tenían familias a mantener como los hombres, no merecían un sueldo igual porque esas mujeres renunciarían sus puestos después de casarse, y a través del sistema capitalista las mujeres aceptarían menos dinero y por lo tanto recibieron menos dinero (Sapiro 145). Aún el colega de Manso, D.F. Sarmiento, apoyaba su punto de vista feminista con el hecho de que “...women provided cheap labor” (Rosman-Askot 4). Para dar más autoridad a la mujer en una institución en la que ella hacía la mayoría del trabajo, Manso pedía que la organización de las escuelas de Argentina seguiera el ejemplo de varios países europeos. “...esta es la práctica en todas partes,...las escuelas de párvulos son manejadas, dirijidas, e inspeccionadas por señoras” (Lewkowicz 134).

A través de su obra para reformar la educación, Manso detalló sus planes y propósitos reformistas públicamente en revistas feministas y liberales. En su propio periódico, Album de señoritas, publicó dos ensayos muy famosos que se destacaban de la prensa feminista del siglo XIX. En “Emancipación de la mujer” la escritora declaró la injusticia de la situación de la mujer ineducada y maltratada por la sociedad, y propuso su solución de una educación adecuada. En la revista Anales de la educación común, Manso publicó el ensayo “Escuelas de ambos sexos” en el cual explicó la importancia de las escuelas mixtas que crearían ocupaciones honorables para las mujeres y enseñarían valores racionales a los hombres. Juana Manso impactó la sociedad argentina con su obra revolucionaria porque era una de las primeras mujeres de su país que anunció públicamente, de manera atrevida y directa, que la falta de educación general para las mujeres era un horror que exigía reforma.

Bibliografía

 

Anderson, Ken. Where To Find It In The Bible. Nashville, Tennessee: Thomas Nelson Publishers, 1996.

Arambel-Guiñazú, M.C., and C.E. Martin. Las mujeres toman la palabra:
escritura Femenina del siglo XIX
. Tomo I y II. Madrid: Iberoamericana, 2001.

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Lewkowicz, Lidia F. Juana Paula Manso (1819-1875): Una mujer del Siglo XXI. Buenos Aires: Ediciones Corregidor, 2000.

Martin, Claire, ed. Nation Building and Women’s Writing in XIX Century Spanish America. Articles: “Women and Family” por Cissie Fairchilds, “Los orígenes de la independecia” por John Lynch, “Angels in the Argentine House” por Francine Masiello, y “Women and Education” por Samia I. Spencer. Long Beach, California: 2004.

Rosman-Askot, Adriana. “Out of the Sahdows: Two Centuries of Argentine Women’s Voices”. Critical Matrix Mar. 31, 1986: Vol. 2, Iss. 1-3, pgs. 70-76.

Rossi, Alice S., ed. The Feminist Papers: From Adams to Beauvoir. New York: Columbia University Press, 1973.

Sapiro, Virginia. Women in American Society. 5 th ed. Madison, Wisconsin: McGraw-Hill, 1999.

Stafford, Tim, and Phillip Yancey, eds. The New Student Bible. Grand Rapids, Michigan: Zondervan Publishing House, 1992.


Brittany Anderson es estudiante graduada de CSULB.