Don Juan, Henry David Thoreau y la diferencia del espíritu de dos países
Dania Zárate
No es por casualidad que Estados Unidos sea el país más poderoso del mundo, ni tampoco es sorprendente que España se haya quedado atrás a pesar de su historia de conquistas y riquezas. Los primeros estadounidenses—los llamados peregrinos—trajeron a la costa este el mismo espíritu innovador, práctico y, sobre todo, trabajador, que luego les permitiría a sus descendientes crear lo que hoy se conoce como Estados Unidos. Al contrario, a partir del ‘descubrimiento’ de América, España tenía que lidiar contra el resultado de demasiado poder y riqueza: la decadencia. En esta lucha la decadencia acaba triunfando. Está claro que la España de los siglos 16, 17 y 18 no había llegado a su estado elevado con el sudor de su frente sino gracias a una mezcla de la buena suerte, la crueldad y un afán aventurero. Estados Unidos también comparte la buena suerte y el afán aventurero, e incluso ha demostrado la misma crueldad que parece ser aspecto inevitable de ser un gran poder; sin embargo, la gran diferencia es que la mentalidad estadounidense es de clase obrera, mientras se podría decir que la de España es de clase alta. Esta diferencia se ve muy claramente en las figuras de Don Juan y Henry David Thoreau.
Es importante destacar algunos puntos claves para nuestro análisis. Cuando hablamos de Don Juan no nos referimos a una figura histórica sino mitológica; la leyenda de Don Juan ha sido contada en forma literaria desde la publicación de El burlador de Sevilla y convidado de piedra, de Tirso de Molina, en 1620. La leyenda ha llegado a tener tanta importancia y fama que según Manuel Pedro González en su artículo En torno al último Don Juan “el siglo X1X produjo una verdadera pléyade de burladores, pero ni con mucho llegó la fiebre donjuanesca al extremo de fecundidad en que hemos dado en el cuatrienio que del XX va transcurriendo.” (González, Pedro, p. 355) Es decir que Don Juan el mujeriego, el aventurero, el rebelde sigue muy presente en la psique actual.
En el caso de Thoreau evidentemente estamos hablando de una persona real que vivió y murió (1817-1862). Su vida fue convertida en una especie de mito tras la publicación de su obra maestra Walden, or Life in the Woods. El 4 de julio, 1845, Thoreau construyó una casa en el bosque. Dos años, dos meses y dos días después terminó su “experimento”, y de esta experiencia salió Walden. Thoreau tiene mucho en común con otros grandes pensadores que han ido a la naturaleza para contemplar la vida. Bill McKibben, en su introducción a Walden, dice de su autor “. . .he was the American avatar in a long line that stretches back at least to Buddha, the line that runs through Jesus and St. Francis and a hundred other cranks and gurus.” (McKibben, Bill, p. xii) O sea que la vida de Thoreau se hizo mito en Walden de la misma manera que la vida de Jesús se hizo mito en la Biblia. Mas mientras la figura de Don Juan ha repercutido en la literatura, la figura de Thoreau ha tenido una influencia no sólo literaria sino también social y política. Líderes, escritores, políticos y pensadores tan importantes como Gandhi, Tolstoy, Martin Luther King, John F. Kennedy Jr., Marcel Proust y John Muir han reconocido la importancia de Walden y sobretodo, Cvil Disobedience (un ensayo sobre la importancia de resistir de manera no-violenta los gobiernos injustos) en sus formaciones intelectuales. (wikipedia.org) Gandhi dijo que Civil Disobedience es “a masterly treatise” y que dejó “a deep impression on me.” (Fischer, Louis, p. 115)
El Don Juan de José Zorrilla aparece durante el apogeo del romanticismo español. Hay que tener en cuenta que el romanticismo, como una respuesta al neoclasicismo, es un movimiento rebelde. Los románticos buscan la aventura, lo exótico, lo auténtico y cualquier cosa que les permita evadir la realidad. Su lema es ‘Carpe Diem.’ Además, suelen sucumbir a la desolación y, en muchos casos, el suicidio. Si el autor neoclásico dice “todo para el pueblo, pero sin el pueblo,” el romántico le contesta “no, todo para el yo, y ya está.” El neoclásico es altamente didáctico y moralista mientras el romántico tiene una actitud irreverente hacia las cosas: la responsabilidad social tiene menos importancia que la experiencia personal. El neoclásico quiere ser respetado, mientras el romántico ofende los demás y casi siempre es malentendido pero a la misma vez alabado por su valor.
Aunque, como hemos visto ya, Don Juan aparece por primera vez en forma escrita en el siglo 17, su espíritu es plenamente romántico. “What theme could appeal more to the Romanticist than that of Don Juan?” pregunta Samuel Waxman (p. 195) Su rebeldía se evidencia en toda la obra. Rebelándose contra la sociedad y el honor, le dice a Don Diego y Don Gonzalo (los representantes de ambos): “Largo el plazo me ponéis/ Mas ved que os quiero advertir/ Que yo no os he ido a pedir/ Jamás que me perdonéis.” (Zorrilla, José) Hasta el final de la obra Don Juan se rebela contra Dios. Se identifica con Satanás, duda la existencia de un ser divino y se siente rechazado por el cielo: “Llamé al cielo y no me oyó,/y pues sus puertas me cierra,/de mis pasos en la tierra/responda el cielo, y no yo.” Su irreverencia se ve en su actitud hacia las mujeres (sólo necesita un día “para enamorarlas” y una hora “para olvidarlas) y también en sus apuestas con Don Luís. La primera apuesta claramente conforma con el romanticismo. La idea de tener un año para ver quién puede conquistar más mujeres, matar a más personas y tener más aventuras es todo un ejercicio en el yo: lo que yo soy capaz de hacer, lo que a mí me resulta gustoso. Don Juan tiene fama de no tener miedo de nada ni de nadie, y todo el mundo habla de su valor. Además, tiene la reputación de ser malo, pero también rico, generoso y noble. Buttarelli dice que es sin disputa “el mozo más gentil de España” y Don Gonzalo le contesta “Sí, y el más vil también.” Según Samuel Waxman, en su artículo The Don Juan Legend in Literatura, “Don Juan is an actor, the incarnate representation of the joy of living; he never pauses to reflect on the morality of his deeds. (Waxman, Samuel p. 185)
Thoreau nace durante una época de frenesí intelectual en los Estados Unidos. Tiene la suerte de estudiar en Harvard y luego de conocer a Ralph Waldo Emerson, uno de los intelectuales más respetados de su generación. Emerson fue el exponente por excelencia del trascendentalismo, un movimiento al que también pertenecía Thoreau. Para muchos críticos el trascendentalismo se puede considerar un romanticismo estadounidense. Comparte con el romanticismo el afán aventurero, la importancia del individuo y la búsqueda de lo auténtico. Pero los trascendentalistas no tuvieron un credo coherente, y el movimiento se distingue del romanticismo en muchos sentidos. Los trascendentalistas eran rebeldes, pero también eran comprometidos (Thoreau, por ejemplo, se oponía a la esclavitud y la guerra entre Estados Unidos y México). Buscaban lo auténtico, pero lo hacían mediante la contemplación, la lectura y el pensamiento. Tenían espíritus libres pero también eran prácticos: Emerson era ministro en la Iglesia Unitaria y Thoreau daba clases y discursos, fabricaba lápices y tenía ‘as many trades as <he> <had> fingers.’ (Thoreau, Henry David) Si los románticos son rebeldes sin una causa, los trascendentalistas son rebeldes con una causa: la búsqueda de un estado de mente que trascienda lo ilusorio. Para ellos el individuo es importante porque es capaz de liberarse a si mismo. Sacaron mucho de la filosofía de Kant y también de la religión Hindú. Y aunque el movimiento duró poco su rebeldía ha inspirado cambio social; la de los románticos murió con ellos.
Pero el hecho es que Thoreau es mucho más complicado que una definición de un movimiento literario. Se niega a ser clasificado como una cosa u otra y por lo tanto es malentendido de la misma manera que los románticos. En los 150 años desde la publicación de Walden “Thoreau has become ever more celebrated in theory, and ever more ignored in practice.” (McKibben, Bill) Al igual que Buda, Jesús y Gandhi, la vida de Thoreau nos presenta un ideal que no queremos perseguir. O lo alabamos porque ha hecho lo que nosotros queremos pero no podemos hacer, o lo odiamos porque sus ideas son una amenaza a nuestras vidas pequeñas, injustas e incompletas. “The mass of men lead lives of quiet desperation,” (Thoreau p. 6) Hasta sus amigos no entienden el propósito de vivir dos años en el bosque. Lo critican por no querer hacer algo más útil con su vida. Pero para Thoreau lo más importante es la experiencia de la vida. En este sentido es romántico, pero con una diferencia: cuando explica por qué se fue al bosque dice “I went to the woods because I wished to live deliberately, to front only the essential facts of life, and see if I could not learn what it had to teach, and not, when I came to die, discover that I had not lived.” (p. 85) Don Juan hace lo que le dé la gana; al final se tiene que arrepentir porque lo que hace es evitar la realidad, y al fin y al cabo la realidad no se puede evitar. Thoreau busca la realidad, no la evita; la quiere experimentar para aprender, para buscar la Verdad. Don Juan nada más busca la aventura; Thoreau busca la lección que la aventura le pueda dar.
Otra gran diferencia entre Thoreau y Don Juan es la idea de la responsabilidad social. Ya hemos visto que a Don Juan no le interesa pensar en las consecuencias de sus acciones hasta que está a punto de morir y se tiene que arrepentir. Thoreau no tiene porque arrepentirse. Antes de morir una amiga le preguntó si había hecho las paces con Dios y le contestó “I did not know that we had quarrelled.” (www.psymon.com/walden/quotes.html) Don Juan es un poder destructivo; Thoreau quiere destruir la ignorancia.
La España imperialista encarna el espíritu donjuanesco. El viaje al nuevo mundo era la aventura prototípica romántica. Al llegar al nuevo mundo, los españoles demostraron el mismo egoísmo que Don Juan: se beneficiaron de las riquezas sin dejar nada para la gente indígena. Violaron las mujeres y mataron a los hombres. ¿No parece un poco a la apuesta entre Don Juan y Don Luís? España se cree poderosa y valiente, peor también llega a tener fama de ser violenta y cruel. Nadie quiere meterse con su ejército. Pero con el paso del tiempo España va perdiendo sus colonias y se queda cada vez más sola y desolada.
A la misma vez, su mentalidad de clase alta impedía que el país avanzase y desarrollase. El problema de las manos muertas—las tierras no cultivadas—y la obsesión con la apariencia tuvo el resultado de que la revolución industrial llegó muy tarde a España. La irreverencia quería decir que los líderes españoles no se preocupaban por el bienestar de sus colonias, y acabaron perdiendo su fuente de riqueza y prestigio sin haber creado una economía doméstica. La actitud donjuanesca llevó a que España derrochase su dinero, energía y vida en guerras y lujos excesivos. Por eso es que los escritores tanto neoclásicos como románticos criticaban los excesos de la clase alta.
En 1898, con la pérdida de la última colonia, España entró en una época de crisis que dio lugar a un florecimiento intelectual/literario. Sin embargo, este florecimiento no duró; en 1939 el General Francisco Franco llegó al poder. Su dictadura representa el resultado de la mentalidad donjuanesca. El equivalente en Don Juan Tenorio sería el momento justamente antes de que Don Juan se arrepienta. La España de Franco es como Don Juan en el cementerio, hablando con fantasmas, rechazando lo inevitable. Evidentemente la muerte de Franco trae el arrepentimiento del país, la muerte de la mentalidad donjuanesca, y el comienzo de otra época.
Lo que estoy sugiriendo es que Don Juan representa una parte del alma española que explica mucha de su historia. Es muy significativo que Don Juan sea una figura mitológica. Su espíritu derrochador llega hasta tal punto que al final, cuando rehúsa la oferta de amistad de Don Gonzalo, éste le dice “ahora, don Juan,/ pues desperdicias también/ el momento que te dan, conmigo al infierno ven.” Podemos decir que la época de Franco representa la última expresión de una mentalidad arcaica, una mentalidad que surge y tal vez forma parte del mito de Don Juan. Podemos hablar de la España ensimismada. La España obsesionada con el pasado. La España contumaz.
Es importante destacar que Don Juan Tenorio ha sido una de las obras más populares de toda la historia y que se sigue representando actualmente en el día de los santos. Su popularidad demuestra la importancia de la figura de Don Jun en la psique española. Durante el año que viví en España era muy común oír una mujer referirse a un hombre como un ‘Don Juan’ con una mezcla de fascinación y repulsión. Estamos en el siglo 21, y sin embargo la idea del hombre irreverente, mujeriego, galante, guapo y rico sigue atrayendo y repulsando la psique española.
Según Waxman, Zorrilla es el primer dramaturgo que sugiere que Don Juan es capaz de amar. Esto es importante porque señala un cambio importante: es el amor de Doña Inés, y no la oferta de Don Gonzalo, lo que hace que Don Juan se arrepienta. Esto nos interesa porque quiere decir que no es la sociedad ni la tradición lo que conquistan al alma del protagonista, sino el corazón de una moza bella y pura. Don Gonzalo, como hemos visto el representante del honor y la tradición, no consigue salvarlo: Don Juan lo rechaza de la misma manera que España rechaza la dictadura tras la muerte de Franco. ¿Por qué este cambio? ¿Por qué cambia España? Pues porque Don Juan se ha enamorado de verdad; es decir, ya no es un adolescente, sino un adulto. El país da el próximo paso.
De la misma manera que el mito de Don Juan capta el espíritu de ‘su patria,’ la vida de Thoreau nos permite entender a su país. George Eliot dice que en Thoreau “we have a bit of pure American life. . .animated by that energetic yet calm spirit of innovation, that practical as well as theoretic independence of formulae, which is peculiar to some of the finer American minds.” (Wood, James, p. 733) El estadounidense es conocido por ser trabajador e innovador; cuando Thoreau se va al bosque quiere saber si es posible vivir una vida más sencilla. Es un experimento científico, y al final del libro explica los resultados: “I learned this, at least, by my experiment; that if one advances confidently in the direction of his dreams, and endavors to live the life which he has imagined, he will meet with a success unexpected in common hours.” (p. 303) Se podría decir que el experimento estadounidense, el experimento en la democracia, también ha tenido éxito.
Thoreau llega a sus conclusiones con el sudor de su frente. Construye su casa; cultiva su comida; y cuando le falta dinero, Thoreau, “never idle or self-indulgent, preferred. . .earning it by some piece of manual labor agreeable to him.” (Emerson, Ralph Waldo) Y aunque su vida parece mucho a la de un asceta tibetano, Thoreau consigue reconciliar lo religioso con lo práctico. Practica su ‘religión’ “in very American ways—he was Buddha with a receipt from the hardware store.” (McKibben, Bill p.xii) Para que Don Juan acepte la religión tiene que abandonar este mundo, mas en el caso Thoreau las dos cosas son complementarias. El estadounidense, por lo tanto, no tiene que escoger entre el cielo y la tierra; el presidente puede ser cristiano y a la vez el líder de un país secular. Los EEUU actual, aunque de ninguna manera parecida a la visión de Thoreau, debe mucho a su ejemplo. La España de Franco optó por la religión y la tradición; la actitud estadounidense aparece en su dinero: In God We Trust. Aquí la economía y la religión no son incompatibles; la búsqueda espiritual va mano en mano con los asuntos prácticos de la vida.
La rebeldía de Thoreau es altamente estadounidense; Estados Unidos llegó a ser una nación porque se rebeló contra Inglaterra. La constitución asegura el derecho de marchar y hablar contra el gobierno. Cuando Don Juan se rebela contra la rígida sociedad española sólo tiene dos opciones: el arrepentimiento o el infierno. No obstante, Thoreau se rebela contra una sociedad que protege el derecho de la rebelión. Este derecho asegura la innovación y, por lo tanto, el progreso, porque el hombre no se siente restringido. España se queda atrás porque el rebelde o muere o sucumbe a la sociedad, y el progreso se estanca.
Parece que cuando Thoreau se va al bosque está huyendo de la sociedad y la realidad de la misma manera que Don Juan, pero la diferencia es que en él “there is plenty of sturdy sense mingled with his unwordliness.” (Eliot, George p. 734) Este “sturdy sense” es lo que permitió que Estados Unidos aumentase su poder económico y político. En Thoreau tenemos una mezcla de la mentalidad de la clase obrera con el afán intelectual de la clase alta. En Don Juan encontramos la mentalidad de la clase alta, sin el aspecto intelectual.
No quiero decir que Estados Unidos sea mejor que España; simplemente he intentado demostrar cómo estas dos figuras nos pueden decir algo sobre sus países respectivos. El espíritu romántico no tiene porque ser derrochador; los trascendentalistas tomaron ese espíritu y lo ampliaron. Al fin y al cabo no hay mucha diferencia entre Don Juan y Thoreau; Don Juan simplemente es la versión adolescente de él. Encontramos en Thoreau el hombre aventurero, pero no el mujeriego; el hombre rebelde, pero no derrochador; el hombre que ama el individuo, pero respeta el otro, etc.
No quiero decir tampoco que Thoreau se hubiera preocupado por la economía del país. Una de sus citas más famosas es “a man is rich in proportion to the number of things he can afford to let alone.” Lo que sí quiero decir es que su ejemplo práctico, religioso e innovador ayudó a que Estados Unidos se hiciese rico y poderoso. Está claro también que como Don Juan era rico no tenía porque preocuparse por cuestiones de dinero, y de la misma manera España, con su mentalidad elitista, no se molestódesarrollar una economía robusta. La decadencia de Don Juan fue la decadencia de España.
Bibliografía
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http://www.vcu.edu/engweb/transcendentalism/ideas/definitionbickman.html
2. Emerson, Ralph Waldo The Eulogy of Henry David Thoreau
http://rwe.org/pages/eulogy_of_thoreau.htm
3. Feal, Carlos Conflicting Names, Conflicting Laws: Zorrilla’s Don Juan Tenorio
PMLA, Vol. 96, No. 3. (May, 1981), pp. 375-387
4. Fischer, Louis, The Life of Mahatma Gandhi
Harper Collins Publishers, copyright 1997
5. González, Pedro En torno al último Don Juan
Hispania, Vol. 8. No. G. (Dec., 1925, pp. 355-364
6. Thoreau, Henry David, Walden, or Life in the Woods
With an introduction and annotations by Bill McKibben, Copyright 1997
Beacon Press
7. http://en.wikipedia.org/wiki/Don_Juan
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8. http://www.psymon.com/walden/quotes.html
28/11/06
9. Waxman, Samuel M., The Don Juan Legend in Literature
Journal of American Folklore
10. Wood, James English and American Criticism of Thoreau
Cita de George Eliot, página 733
The New England Quarterly, Vol. 6, No. 4 (Dec., 1933)
11. Zorrilla, José Don Juan Tenorio
Project Gutenberg EBook, copyright 2001 N.K. Mayberry and A.S. Kline